El Peladito con voz de flautín y
ojos de historieta sonríe y dice: “tenemos convertibilidad para 50 años”. La
clase media lo aplaude. Nunca había viajado a Brasil, a Miami, a París, y ahora
sí. Encima la inflación no está más. ¿Tan difícil era? Un genio este Peladito.
El dólar y el peso iguales, eso es todo.
El tema es así: no se pueden
hacer más pesos que el caudal de dólares que hay dando vueltas en el país. ¿Y
qué pasa si se van más dólares que los que entran?... Mmmmm. El Peladito
siempre tiene una respuesta tranquilizadora: “Las empresas locales e
internacionales garantizan la inversión en un país que crece. Y además, tenemos
crédito externo porque el mundo confía en el modelo argentino”. Y todos lo
aplauden otra vez.

Y entonces siguen sacando
dólares del país: algunos viajando, otros gastando a crédito, los menos,
llevándoselos a raudales a paraísos fiscales donde la palabra impuesto está
prohibida. Una fiesta.
Y hablando de fiesta. Un empresario
X charla con un banquero XX en un cóctel en la embajada de Estados Unidos. X le
dice a XX. “El tema con la Argentina es que nadie va a invertir acá. ¿Quién va
a venir cuando los insumos importados hay que pagarlos en dólares? ¿De dónde
vamos a sacar materias primas si las pocas que hay aquí las quieren vender
afuera para ganar en dólares? ¿Qué maquinaria vamos a traer si hay que pagarla
también en dólares?” Y XX le contesta a X: “Tenés razón. La única variable de
ajuste que le queda al modelo es la mano de obra. Trabajadores a la china.
Salarios bajos y arroz. Chau mercado interno. Chau industria. Hola
importaciones. Hola bancos, je, je”. Chin, chin.
Y vuelve a aparecer el Peladito,
ahora un poco más preocupado. Dice: “tenemos que elevar los niveles de
competitividad para acaparar más inversión externa”. ¿Qué significa eso?
“Bueno, hay que bajar los costos de producción para despertar aún más confianza
en los mercados internacionales”. Explíquese un poco mejor. “Hay que terminar
con la discusión salarial y racionalizar personal”. ¿Echar gente? “Si la
empresa es realmente competitiva, no necesitará echar trabajadores; pero sólo
si es competitiva, en el marco de un contexto nacional e internacional cada vez
más exigente”. Clarito como el agua.
Nada sorprende más que la actitud
comprensiva de los sindicatos. Ante el congelamiento de salarios, el cierre de
fábricas y el despido masivo de personal, se quedan en el molde. Así se hace.
Esa es una dirigencia sindical que se sacrifica por el país. Emociona verlos
con sus sacos y sus corbatas, sus coches importados, sus veranos en Punta y sus
tapas en Caras, y no ya con camperas y camisas ridículas, marchando por las
calles y paralizando el país por pavadas. Al fin maduran, viejo.
Epa, ¿y eso? Son pobres. ¿Pero,
estaban allí antes? Sí, en este país siempre hubo pobres. Pero pareciera que
cada vez hay más. Lo que pasa es que se cayeron del sistema, ¿viste? No se
modernizan. ¿Te molestan? Hay topadoras, cercos, muros… Y balas y palos, si
hicieran falta. ¿Más tranquilo? Sí, ta’ bien poné Tinelli, dale…
El presidente es un tipo raro. Es
medio feo pero las mujeres dicen que mueren por él. Se llama Carlos, como el
emperador: “Carlos Primero”. Tiene una Ferrari y un amigo que se llama
Bernardo. Es musulmán pero va a todos los Tedéum de la Catedral de Buenos
Aires. Y al arzobispo le gusta hablar de él, del Peladito y de la paz social…
¡Ah! Porque hay paz. Ahora sí que no hay vencedores ni vencidos. Indulto,
perdón, lo pasado, pisado… Bueno, siempre se quejan esas mujeres de pañuelo
blanco, pero ya nadie les da bolilla. Ni figuran en los medios serios. Sólo en
un diario de zurdos, fundado por un gordito canchero, charlatán y fumador.
Es linda esta época porque
aprendemos a convivir con palabras nuevas: delivery, transgresión, celular, compacdisc,
internet, drugstore, yenga, crazy, pumparaarriba, indigencia… ¿Indi-qué? ¿Indígena?
Algo así.
El otro día escuché a alguien
decir que si esto sigue así, todo puede estallar. Y no en 50 años. Muy pronto. Y
mal. Pero el Peladito se ríe de él. Y Carlos Primero, también. Y Bernardo. Y
Mariano. Y Marcelo. Y Susana. Y Mirtha. Y Gerardo. Y el arzobispo. Y “X”. Y
“XX”. Entonces, yo también me río. ¿Y vos?
Gabriel
Prósperi. Periodista.
3
de marzo de 2011