miércoles, 19 de octubre de 2016
martes, 28 de junio de 2016
HÉROES
Verlo llorar desconsolado nos partió
el alma ya partida. Había perdido la selección, pero en realidad
todos entendíamos que había perdido él. Nunca lo habíamos visto
así. Era la primera vez que nuestro capitán flaqueaba ante los ojos
del mundo. Con la impotencia hecha carne y lágrima aceptó su
medalla de plata y se hundió en el desconsuelo. Aquella noche triste
de Diego Armando Maradona, en Roma, se iba a repetir casi calcada 26
años después con Lionel Messi, en Nueva Jersey.
Cuando Messi perdió la final del
mundo en Brasil no soltó una sola lágrima. El capitán pareció
contener a propósito su emoción. Actuó como un verdadero líder:
de pie y entero ante la derrota más dolorosa. Mientras sus
compañeros se entregaban al justificado llanto del sueño hecho
pedazos, él subía al estrado, íntegro y respetuoso, a recibir un
premio para cualquiera imposible; para él, menor.
Y aquella vez se escucharon feroces
críticas hacia su actitud dentro y fuera de la cancha. Como que nada
le importaba, ni el premio, ni la final, ni la selección, ni la
bandera... Ni él.
Un año después, en Chile, actuó de
manera similar. Y volvieron las alevosas voces a levantarse en su
contra.
El domingo, en Nueva Jersey, al final,
Messi lloró. ¿Eso querían? Eso hizo. Y después, en el vestuario,
aún con los colores de la selección cubriendo su piel, tiraba la
bomba: no va más. Igual que Maradona luego de aquella final en
Italia; de aquellas lágrimas.
Maradona volvió, sin embargo, a la
selección tres años después para jugar su último mundial. La
historia de Leo con la camiseta nacional tal vez tenga más noches
todavía por transitar. Amén. Es que de sudor y de lágrimas; de
victorias y derrotas; de elogios embusteros y críticas mediocres; de
renuncias y arrepentimientos están hechas las vidas de los héroes.
Estos héroes. Nuestros héroes.
Gabriel Prósperi. Periodista.
28 de junio de 2016.
domingo, 19 de junio de 2016
LO PEOR
Peor que esto, nada. Esa pequeña frase
encierra una lógica presente recurrentemente en el ideario colectivo
argentino, sobre todo al argumentar en la discusión política, o
simplemente, cuando vamos a votar. Ahora, ¿qué es “lo peor”?
En los últimos años hemos tenido
varios “lo peor”: fue la desocupación, fue la inseguridad, fue
la inflación, fue el autoritarismo. Las llamadas “encuestas”
tuvieron a estos ítems variablemente al tope de sus conclusiones.
Hoy ese tope, sin dudas, ha de estar ocupado por el concepto de
“corrupción”. Y con razón. El impacto in crescendo de episodios
como la detención de Lázaro Báez, las excavaciones de ultratumba
en la Patagonia y la aparición de José López y sus bolsos
voladores reafirmaron esa aversión ciudadana. López todavía no
habló y no sabemos fehacientemente de dónde provinieron los 9
millones de dólares que saltaron el muro del histórico convento,
pero se da por hecho que fueron ahorrados durante 12 años de apego
al choreo. La bóveda nunca encontrada en el sur apareció en General
Rodríguez en modo “bóveda andante”. O sea, el martes 14 de
junio, en una fría y neblinosa madrugada, y gracias a un llamado
no-anónimo al 911, se hizo realidad la “prueba” decisiva y
necesaria para que supure al fin la matriz corrupta del kirchnerismo.
En términos policiales: el cuerpo del delito.
El actual gobierno pasaba casualmente
por sus peores días producto del malestar social en alza por los
tarifazos; por los entredichos con el Papa Francisco; por el oscuro
blanqueo oculto tras la fachada de un “resarcimiento histórico”
para los jubilados; por la bravuconada de funcionarios al decir que
tenían palos y palos verdes en el exterior “como muchos
argentinos”; por la “confesión” del jefe de gabinete que lo de
la pobreza cero era sólo un slogan de campaña. Ni todos esos
disparates juntos le harían cosquillas siquiera a la sola imagen de
un ex secretario de obras públicas esposado, encascado y mostrado al
mundo a lo Lee Harvey Oswald. López era el magnicida apoteótico de
esa pesadilla denominada kirchnerismo.
Changüí: “ventaja que se concede a
una persona o a un grupo”. La Real academia española y la realidad
juegan a favor del macrismo. Hace apenas unas horas cayó el tal
Pérez Corradi, autor intelectual no confeso del triple crimen de..
¡General Rodríguez! Otra vez, los cascos, los chalecos, las
cámaras, los flashes y la alimentación necesaria de esa indignación
que turba, que enceguece, que domina. Tan fantásticamente cierto que
asusta.
Hay un jueguito en internet que se
llama agar.io. Uno ingresa a una especie de universo acotado lleno de
pequeñas pelotitas estáticas, siendo una pelotita más grande, pero
móvil. En ese universo hay pelotas más grandes que lo que buscan es
comer a las pelotas más chiquitas. A medida que uno va comiendo
pelotitas estáticas, y va esquivando pelotas más grandes, va
creciendo en volumen. Y claro, cuando uno va creciendo quiere comerse
más y más y más y más y más pelotas más chicas. Y uno ve que se
va haciendo grande, grande, grande y quiere comerse más y más y más
pelotas chicas. Uno llega a ser grande, grande, muy grande. Pero
cuidado: porque siempre va a haber una pelota más grande que uno,
que va a querer comerte. Y que lo va lograr. O si no, hay otra más
chica que vos, pero que se une a otra también más chica y entre las
dos complotan. Y te comen. ¿Y cómo terminás? Expulsado. El agar.io
te da revancha: podés volver siendo otra vez una insignificante
pelotita. ¿Da revancha la política?
Se habla tanto de excavaciones que dan
ganas de decir que, realmente, el kirchnerismo se cavó su propia
tumba. Aunque también hay hendijas para pensar que la pala fue
facilitada por otros. Esos “otros” hoy se estarán restregando
las manos. No sólo por la crucifixión del kirchnerismo sino por su
imposible resurrección. Si hasta hace apenas unos días muchos de
los que pusieron su voto a favor de Mauricio Macri ya se estaban
planteando aquello de que “la verdad, con los kakas la pasábamos
mejor”, hoy ven reforzado su convencimiento de que hicieron bien. Y
lo que es más importante: lo harían otra vez. ¿Por qué? Simple:
porque triunfa eso de que la corrupción de aquellos provocó el
desbarajuste de estos y el padecimiento de todos. Es decir, peor que
esto – la corrupción del kirchnerismo – nada.
Gabriel Prósperi. Periodista.
19 de junio de 2016.
sábado, 4 de junio de 2016
ZAIRE
“¡Alí, bomayé!”, gritaban con
bronca animal. Allí estaban ellos, de a miles, los olvidados de
siempre, vivando al tipo que por primera vez les daba la chance de
ser visibles ante al mundo. Alí iba a pelear a su tierra. La de él
y la de ellos. Alí era mucho más que su campeón: era su líder.
Foreman también era negro, como ellos. Pero Foreman no era como
ellos: era el rostro del enemigo, del hambre, de la esclavitud, del
poder. Había que ganarle, al menos una vez, esta vez.
Y allí, en la puerta del avión,
saludando a la inmensa multitud que lo recibía en el aeropuerto, Alí
se acercó a uno de sus asistentes:
- ¿Qué gritan?
- Alí, bomayé
- ¿Qué...?
- Alí, bomayé... “Alí,
matalo”.
domingo, 8 de mayo de 2016
KIRCHNERISMO Y MACRISMO EN EL CICLO DEL AGUA ARGENTINO
Hay una idea hegemónica que cunde del
Facebook a los paneles de los programas de TV: demostrarle a aquel
que creyó en el kircherismo que en realidad todo lo que avaló y
aplaudió resultó ser una gran mascarada para ocultar el verdadero
fin del kirchnerismo: afanarse toda la guita posible. La contraidea
es demostrarles a todos los que no creyeron en el kirchnerismo que
tenían razón. El tema es que estos últimos decidieron ahora apoyar
a un gobierno conservador.
El conservadorismo político en la
Argentina siempre fue bien acompañado por su hermanito menor: el
liberalismo económico. Ranking histórico: gobierno oligárquico de
la generación del '80; década infame; revolución libertadora;
última dictadura militar; menemato, y ahora, macrismo. En términos
historiográficos clásicos, podríamos decir que el único
experimento conservador “exitoso” fue el de la generación del
'80. Claro, con una salvedad: Roca y sus coetáneos sentaron las
bases de lo que sería para siempre la “normalidad” de este país
lejano y estepario llamado Argentina. Lo hicieron “ingresar” al
mundo en una situación de sometimiento a los designios de lo que se
llamó “la división internacional del trabajo”. Nosotros, vacas,
ovejas y cereales. Ellos, los países civilizados, bienes
manufacturados y servicios. El capitalismo argentino nació con olor
a bosta.
Todo gobierno que pusiera en cuestión
aquella “normalidad” fue tildado de “populista”. Ránking
histórico: yrigoyenismo; primer peronismo, gobierno de Illia, parte
del alfonsinato, y los 12 años de néstor-cristinismo. El
desarrollismo sedujo primero a la casta dominante, pero luego terminó
en el arcón de los ensayos denostados por el patriciado vernáculo.
En los argumentos de los analistas periodísticos hegemónicos de
cada época, los populismos fueron siempre inútiles, estériles y
sobre todo, mentirosos. Trampas históricas. El yrigoyenismo no
sirvió para responder a la crisis de los tempranos 30's. El primer
peronismo fue una enorme farsa que atentó contra las buenas
costumbres y el verdadero ser argentino. Illia fue, a la vista del
siempre servicial Mariano Grondona, “una tortuga”. Alfonsín no
entendió nunca hacia dónde iba el mundo, con la restauración
neo-conservadora de Reagan y Thatcher a la cabeza. El kircherismo
viene a ser el resumen de estos males, con la suma del más artero de
todos: la corrupción.
La historia demostró que para que
haya un retorno a la “normalidad”, una restauración
conservadora-liberal, tuvo que haber siempre un estrepitoso fracaso
populista previo. Imponer el doloroso retorno al camino de la verdad
del ser argentino necesitó primigeniamente del argumento de “la
pesada herencia”. El gobierno de Cristina Fernández no terminó
envuelto en bombardeos, planteos militares, gases lacrimógenos o
saqueos. La historia oficial, la que escriben los que ganan, dirá
que terminó en la más ignominiosa sospecha de choreo nacional jamás
vista. Un choreo escandaloso y nocivo para todos... y todas. Ñoquis,
Cámporas, Lázaros, Máximos, Milagros. Si esta no es una pesada
herencia, las pesadas herencias dónde están.
“Ahora tiro yo porque me toca, en
este tiempo de plumaje blanco”, cantó el Indio Solari alguna vez.
Y canta hoy el grupo dominante enbanderado en el cambio macrista. Los
no-ladrones del gobierno no roban, claro. Pero quitan. Quita 1:
retenciones. Quita 2: subsidios. Quita 3: puestos de trabajo. Quita
4: salarios. Quita 5: acceso gratuito a bienes culturales. Y siguen
las quitas. “Ensayo general para la farsa actual, teatro
antidisturbios”. ¿Dónde subyace la esperanza renovada de la
ceocracia pro para pensar que ahora sí se cumplirá el designio de
grandeza tantas veces postergado?
La historia política argentina se
asemeja al ciclo del agua: llueven fracasos populistas, se nutren las
raíces liberal-conservadoras, se evaporan las promesas
liberal-conservadoras, se condensan las políticas
liberal-conservadoras y vuelven a llover fracasos
liberal-conservadores, que a su vez nutren las raíces populistas, y
así sucesivamente. ¿En qué estadío de ese ciclo estamos?
Disculpen: prefiero dejar en sus manos la conclusión.
Gabriel Prósperi. Periodista.
jueves, 7 de abril de 2016
LA BATALLA DEL "DESAGUISADO"
“Ordenar el desaguisado que nos
habían dejado lleva a tomar decisiones que nos duelen”. Esta
frase del presidente de la nación es el dardo que da en el blanco de
la batalla por la imposición del sentido que divide aguas en la
sociedad. ¿Es verdad que recibió un desaguisado? ¿Es verdad que no
le quedaban otros caminos/medidas dolorosos/as que tomar?
La condena socio-judicial de Jaime, la
detención mediático-policial de Báez y la venidera reaparición de
Cristina Fernández ingresando “a lo Boudou” al salón de la
justicia de Comodoro Py 2002, engordan la hipótesis del desaguisado
padre: la corrupción. “Se robaron todo y por eso ahora todos
tenemos que pagar las consecuencias”. Un amplio espectro de la
sociedad acepta y justifica esta inevitable realidad de “decisiones
que duelen”. Gol del discurso político dominante.
La estrategia de la pesada herencia no es nueva en nuestra historia.
El relato de las decisiones dolorosas pero necesarias, tampoco. “Hay
que pasar el invierno”. “Hemos dado una vuelta de hoja al
intervencionismo estatizante y agobiante”. “Estamos mal pero
vamos bien”. El infierno hoy; el paraíso mañana. La escuela
liberal ha dejado su huella en nuestro pasado mediato e inmediato. El
actual gobierno abreva inocultablemente en sus premisas. El desafío
central de la administración Macri es lograr esquivar los funestos
desenlaces en los que cayeron cada una de aquellas experiencias
pre-existentes. Para disolver esos fantasmas, el propio presidente
reconoce que la confianza de la sociedad en su gestión es esencial.
¿Cuánto agrietará esa confianza el reciente temblor con epicentro
en Panamá?
Las medidas quirúrgicas adoptadas por el gobierno parecen ceñirse
a la más auténtica ortodoxia económica: bajar el déficit fiscal,
frenar la emisión monetaria, desregular tarifas, enfriar salarios,
controlar la inflación bajando el consumo, beneficiar
impositivamente a los sectores más concentrados de la economía,
recurrir al endeudamiento externo, achicar el Estado. La creación de
un ministerio de modernización es toda una declaración de
principios. El gerenciamiento de la actividad pública se rige por
los cánones de la actividad privada. Todo se mide por objetivos. Los
plazos corren por cuenta de quienes planifican. Las evaluaciones,
también. Cuando llegue el tiempo de medir éxitos y fracasos, ¿los
serán para quién?
“Vos que andás diciendo que hay mejores y peores, vos que andás
diciendo qué se debe hacer”. Los Fabulosos Cadillacs dieron en la
tecla para resumir qué es esto del poder y la batalla por la
imposición del sentido. El presidente y su “mejor equipo de la
historia” dicen y hacen lo que se debe hacer. Las medidas duelen,
sí. Pero tienen su láudano: los rostros del “desaguisado”
entrando de a uno al salón de la justicia de Comodoro Py 2002.
Gabriel Prósperi. Periodista.
7 de abril de 2016.
7 de abril de 2016.
domingo, 27 de marzo de 2016
OBAMA, POR LA AVENIDA MONROE
La Avenida Monroe une los barrios
porteños de Belgrano, Coghlan y Villa Urquiza. Nace en la Avenida
Figueroa Alcorta y muere en la Avenida de los Constituyentes. La
Avenida Monroe no tiene nombre, pero fue bautizada así en honor al
quinto presidente de los Estados Unidos, James Monroe. En fin, este
presidente pasó a la historia por una frase: “América para los
americanos”. Con el tiempo, esa frase se transformó en doctrina:
la doctrina de un imperio.
Estados Unidos vuelve a pisar fuerte,
como un monstruo grande, sobre Sudamérica. La visita de Obama a la
Argentina, a pocos meses del final de su mandato, revela que no
estamos ante una decisión diplomática propia del gobierno demócrata
en curso, sino ante un nuevo giro estratégico geopolítico de
Washington: América, mejor dicho, “Sudamérica”, vuelve a ser
para los Americanos, mejor dicho, para los “Norteamericanos”.
A partir del 11 de septiembre de 2001,
y con los escombros aún humeantes de las Torres Gemelas, Estados
Unidos decidió retomar las riendas planetarias con una nueva
“política del garrote”. Esta vez no contra díscolos países
antillanos, como en el naciente siglo XX, sino contra las
organizaciones del terrorismo transanacional que anidaban, según la
CÍA, en Medio Oriente. Así, uno a uno, los autócratas asiáticos
que los mismos norteamericanos habían fomentado y financiado como
cortinas contra al avance soviético de antaño, ahora eran los
enemigos de la libertad. Esos autócratas no sólo cobijaban
terroristas sino que habían elevado los costos de comercialización
del petróleo. La “pacificación política” y el “control
comercial” medio-oriental le costaron más de una década a Estados
Unidos. ¿Está ya terminada su obra? ¿Qué pasa con el Estado
Islámico, Siria, el drama de los refugiados, la revancha terrorista
en París y Bruselas, y tantas otras consecuencias desatadas por
aquella nueva “política del garrote”? ¿Daños colaterales...?
Menos de 48 horas después del atentado brutal en Bélgica, Obama
bailaba tango en Buenos Aires.
El chavismo, el lulismo y el
kirchnerismo le dieron la espalda a Bush en Mar del Plata, con el no
al ALCA, en 2005. Aquel tridente encontró al imperio abocado a una
guerra mayor. Parecía triunfar por estas tierras una nueva doctrina:
Sudamérica para los sudamericanos. Estados Unidos se retiró de Mar
del Plata vencido, sí, pero no derrotado. Allá arriba volvieron a
mover las piezas, y como maestros ajedrecistas, reacomodaron el
tablero cuando sus tiempos así lo demandaron. Ya no les hizo falta
una “política del garrote”. El desgaste propio de regímenes
populares en su guerra interna con los poderes concentrados
vernáculos; la incapacidad para sostener económicamente, sin
injerencia externa, políticas expansivas e inclusivas; índices
inflacionarios que acrecentaron el malhumor de los sectores sociales
afines a esos regímenes; denuncias múltiples y constantes – con o
sin fundamentos – de corrupción por parte de los medios
concentrados; muertes de alto impacto social sin esclarecimiento
judicial inmediato; todo ello fue generando en estos países rebeldes
las condiciones para cambios de rumbo pacíficos, naturales,
democráticos.
Obama viajó a la Argentina del
post-kirchnerismo para felicitar a Macri, mientras se cumplían 40
años de la instauración de la dictadura más sanguinaria del
continente. Aquí, en Buenos Aires, el actual presidente de los
Estados Unidos demostró que sigue el camino instaurado por uno de
sus antecesores, un tal James Monroe; el mismo que tiene una avenida
en su honor entre los barrios porteños de Belgrano y Villa Urquiza.
Gabriel Prósperi. Periodista.
27 de marzo de 2016.
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