viernes, 9 de mayo de 2014

LA VIOLENCIA ES UNA ENFERMEDAD QUE TIENE CURAS


“Enferma de violencia”, leo en los titulares. Y me detengo en el primero de los conceptos: enferma. Entonces, si hay una sociedad enferma, también hay una sociedad “sana”. Me pregunto y le pregunto a la Iglesia: ¿hay una sociedad “sana”…?
La dicotomía sanidad/ enfermedad, en términos de análisis sociológico, tiene su historia. Allá por el siglo XIX nacía una ciencia destinada a analizar lo que hasta ese momento no había hecho falta analizar: las sociedades en los países centrales de occidente. A dicha ciencia se la llamó sociología. Como contraparte, nacía también la antropología/etnografía, enfocada en el estudio de las sociedades “primitivas”, que eran todas aquellas sociedades que no correspondían a los países centrales. Tradicionalmente, se le concede a Augusto Comte el mote de “padre” de la sociología. En su visión, la sociedad se comportaba como un organismo vivo, donde cada elemento obraba en función del accionar positivo del todo. Si algún elemento no funcionaba, ese organismo, esa sociedad, estaba “enferma”. El concepto de anomia, desarrollado años después por Emile Durkheim, surgió para explicar todo aquello que distorsionara el “normal” devenir de una sociedad determinada. En fin, la matriz conceptual de la sociología comtiana, el “positivismo”, sirvió para justificar el ascenso del conservadorismo, soporte político de la fase imperial del capitalismo occidental moderno.
Sin embargo, a la par del auge del positivismo, surgiría otra matriz de pensamiento filosófico para analizar las sociedades modernas occidentales: el marxismo. En la visión de Karl Marx, la sociedad no era armónica sino conflictiva por naturaleza. El capitalismo había engendrado dos grupos sociales protagónicos y antagónicos: la burguesía y el proletariado. La puja por el ingreso desatada entre ambos actores generaría la “lucha de clases”, concepto básico para el entendimiento de las relaciones humanas en las sociedades capitalistas de occidente. Marx desarrolló su obra tomando como fundamento el pensamiento de un compatriota, Georg Friedrich Hegel. El materialismo histórico marxista se sustentó en una idea hegeliana que daría vida a toda su obra: “la revolución es el motor de la Historia”. ¿Hay revolución sin violencia? Tal vez Gandhi podría considerarse como la excepción que confirma la regla.
Desde ya, la Iglesia argentina no tiene nada que ver con el marxismo. Los obispos que la componen siguen entendiendo la sociedad en términos decimonónicos/positivistas: hay cosas normales y “anormales”. Hay salud y enfermedad. Así como la corrupción es un “cáncer”, la violencia, con la careta de la inseguridad, es anomia. Queda claro que, para los sacerdotes que firmaron ese documento “histórico“, el capitalismo no engendra “naturalmente” la violencia.
Leyendo el documento a lo largo y a lo ancho, se observan sólo frases hechas y obvias extraídas de los medios masivos o de la cotidianidad de dos vecinos charlando en la vereda. Ejemplos:
* “Muchos viven con miedo al entrar o salir de casa, o temen dejarla sola, o están intranquilos esperando el regreso de los hijos de estudiar o  trabajar. Los hechos delictivos no solamente han aumentado en cantidad sino también en agresividad”.
* “No se puede responsabilizar y estigmatizar a los pobres por ser tales”.
* “Desviar dineros que deberían destinarse al bien del pueblo provoca ineficiencia en  servicios elementales de salud, educación, transporte”.
* “La lentitud de la Justicia deteriora la confianza de los ciudadanos en su eficacia”.
* “El sistema carcelario debe cumplir su función sin violar los derechos fundamentales de todos los presos”.
* “Urge en la Argentina recuperar el compromiso con la  verdad, en todas sus  dimensiones”.
Me pregunto, ¿qué valor tiene un documento tan vacío de contenido; tan obvio y tan trillado? ¿Para qué sirve detenerse en una ristra de frases que engorda eso que llamamos “sentido común”? Y me animo a responderme: para denotar que la Iglesia Católica no escapa a la matriz que domina hoy el juego político en la Argentina: la del marketing, la cáscara, la fachada, el maquillaje, la demagogia.
Se cumplen por estos días 40 años del asesinato del padre Carlos Mugica. La violencia de la Triple A le arrebató la vida a balazos luego de dar misa. Voy a buscar qué dijo por aquellos días la Conferencia Episcopal sobre la violencia y las enfermedades sociales.

Gabriel Prósperi. Periodista.
10 de mayo de 2014.

martes, 22 de abril de 2014

PERIODISMO PARA COBOS… Y ALGUNOS MÁS



Seducir al establishment, ardua tarea para el Frente Amplio UNEN. Hoy Massa es la construcción del establishment. Macri es el establishment. ¿Para qué el establishment? Por los medios masivos: sus ojos, sus orejas y su voz. Carrió, Sanz, Cobos, Binner, hasta Victoria Donda saben que la amplificación mediática, hoy, es todo. Vale más una hora en TN que 24 en una plaza pública. La política, como nunca antes, es marketing. El periodismo, como nunca antes, es propaganda-operación.


Gabriel Prósperi. Periodista.
22 de abril de 2014.

jueves, 10 de abril de 2014

MOYANO, BARRIONUEVO Y EL ADN SINDICAL ARGENTINO

10 de marzo de 1943. Elección de Secretariado y Comisión Administrativa de la CGT. Dos listas enfrentadas: la Número 1, liderada por el ferroviario José Domenech y la Número 2, representada por el histórico jefe de los obreros municipales, Francisco Pérez Leirós. Un voto decidía todo, el del ferroviario Marcos Lestelle. Domenech ya se preparaba para la ovación. Pero Lestelle dejó a todos blancos y votó por la lista 2. Domenech, traicionado, se levantó con los suyos de la mesa, rompió lanzas y fundó una nueva CGT. Le puso el original nombre de CGT Número 1. La CGT Número 2 - no les quedó otra que ese bautismo - fue liderada por Pérez Leirós, nomás. La suerte del bueno de Lestelle no la sabemos.
En fin, esta fue una de las tantas rupturas que tuvo la CGT desde su creación, tras el golpe de septiembre de 1930, hasta nuestros días. Pero la particularidad de este crack radica en que pudo haber sido la piedra fundamental de lo que hoy conocemos como “burocracia sindical”. En efecto, tanto Domenech como Pérez Leirós estaban afiliados al Partido Socialista. A los dos los unían más las ambiciones de poder que la ideología. Sin embargo, Pérez Leirós representaba un ala sindical más afecta a unir su praxis con las decisiones del partido. Domenech, en cambio, era el adalid de un sindicalismo, digamos, más “sindicalista”; independencia para influir, negociar y presionar. Perón llamaría a una y otra vertiente “sindicalismo político” y “sindicalismo gremial”. Tras la revolución de junio de 1943, el teniente coronel a cargo de la Secretaría de Trabajo y Previsión se sentiría más gusto con una de esas vertientes. El 9 de diciembre de ese año, durante una asamblea de la Unión Ferroviaria en Rosario, Domenech dejó una frase para el resto de la historia política y, por qué no, musical del país: “Perón es el primer trabajador”.
Hugo Moyano y Luis Barrionuevo siguen cantando a viva voz que Perón es el primer trabajador. Afiliados ambos al Partido Justicialista, los avatares de la historia contemporánea los alejará y juntará caprichosamente… o no tanto. Durante el alfonsinismo, Moyano ascenderá fulgurantemente dentro del sindicato de camioneros, al amparo del líder cegetista Saúl Ubaldini; el mismo Ubaldini al que Barrionuevo intentará “derrocar“ a cadenazos y puntazos, en octubre de 1989, usando a sus “compañeros“ de la barrabrava de Chacarita. Durante el menemato y el alianzato, uno estará en las calles, contra el modelo; el otro, en calientes y oficialistas bancas del congreso como diputado y senador. Durante el interinato duhaldista, Moyano liderará el ala opositora dentro de la CGT; Barrionuevo, será uno de los instigadores de la continuidad del jefe lomense en la Casa Rosada. Con el arribo del kirchnerismo, Moyano llegará adonde siempre había querido llegar: número 1 de la CGT unificada; Barrionuevo, llegará a quemar urnas porque no lo elegirían gobernador de Catamarca. Hoy, en el atardecer del cristinismo, el camino los encuentra unidos y desbocados. Barrionuevo, el creador de éxitos como “en este país nadie hace plata trabajando” o “deberíamos dejar de robar por dos años”, lanzó en estos días otra frase rompeportón: “Kirchner fue un tipo que robó… que se cagó muriendo a los 60 años, fue un avaro". Moyano, más discreto oralmente, siempre fue un hombre de acción. Su estilo, marca registrada, ya ha sido definido por sus biógrafos: Golpear primero, negociar después.
Moyano y Barrionuevo lanzaron el paro del 10 de abril con varias consignas y un objetivo: averiar al gobierno de Cristina Kirchner. Más allá del notorio tinte político de la medida, en cada conferencia de prensa los dos líderes se encargaron de subrayar una y otra vez el carácter independiente del movimiento obrero que ellos representan. “Sindicalismo político” bajo la mácula de “sindicalismo gremial”. Otra clase de peronismo puro.
Moyano y Barrionuevo representan la continuidad histórica de aquella matriz sindical fundada por hombres como José Domenech. Podríamos decir que Moyano y Barrionuevo llevan consigo el mismo ADN gremial. Un ADN que, hay que decirlo, sufrió algunas mutaciones: al abandonar la secretaría general de la CGT, José Domenech, el más poderoso líder sindical entre 1935 y 1943, volvió a trabajar en los talleres ferroviarios de Rosario hasta jubilarse.  

Gabriel Prósperi. Periodista.
10 de abril de 2014.

Fuentes:

Hugo del Campo. “Sindicalismo y peronismo. Los comienzos de una vínculo perdurable”. Siglo veintiuno editores Argentina.
Hiroshi Matsushita. “Movimiento obrero argentino, 1930-1945”. Siglo Veinte.
Miguel Bonasso. “Luis Barrionuevo, una vida a cadenazos”. Página 12, edición del 9 de marzo de 2003.

jueves, 27 de febrero de 2014

EL “AXELAZO”



Nos encantan los “azos”. Los hay deportivos: golazos; los hay tinellizados: gomazos; los hay históricos: Cordobazo; los hay políticos: cacerolazos. Y por supuesto, los hay económicos: Rodrigazo. A propósito, en las últimas semanas se escucharon eruditas voces, como las de Roberto Lavagna, Domingo Cavallo, Jorge Altamira y Eduardo Curia - variopintas, por cierto- hablando de reedición del plan de ajuste copyright de Don Celestino Rodrigo, ministro de economía de Estela Martínez de Perón en 1975. Ahora, ¿estamos en las puertas de un Rodrigazo?
El original Rodrigazo consistió en una devaluación virulenta de más del 170 por ciento. El feroz tarascón al bolsillo obrero se vio sazonado con un jugoso aumento de tarifas, naftas y transporte público, que fluctuó entre el 40 y el 170 por ciento de acuerdo al rubro. En pocas semanas, la participación de los trabajadores en el Ingreso bajó del 48,5 al 45 por ciento. Es decir, Don Celestino promovió una opípara transferencia de ingresos desde los sectores populares al capital más concentrado. La frutilla del postre vendría un año después, de la mano de un fiel integrante de la casta oligárquica vernácula, José Alfredo Martínez de Hoz, bisnieto del fundador de la Sociedad Rural Argentina. Con su célebre “liberación de las fuerzas productivas”, la participación obrera en el Ingreso Nacional bajó al 30,4 % a fines de 1976*.
Celestino Rodrigo tomó, además, una medida decididamente antiperonista: desarticuló las paritarias renacidas a la luz del Pacto Social - firmado dos años antes por la CGE de Gelbard**, la CGT y la UIA - que servían de control en la ecuación precios-salarios. La respuesta fue histórica: el primer paro de la CGT contra un gobierno peronista.
Entonces, 39 años después, ¿volvemos al Rodrigazo? ¿Se puede hablar de “Axelazo”? En primer lugar, la devaluación de enero fue del 25%, no del 170. Por supuesto, representa un claro retroceso en la participación obrera en el Ingreso y una transferencia de capital hacia los grupos concentrados de la economía. Pero la discusión salarial está abierta. Aunque el gobierno pretende meterle plomadas a las demandas sindicales, el juego paritario está en marcha y los gremios más pesados (o más “gordos”, como ustedes quieran) pondrán pisos y techos. El conflicto docente en boga parece ser el puntapié inicial del partido.
La desvalorización del Peso, hoy, con la devaluación fresca, tiende sólo a mitigarse con medidas de corto alcance, como los Precios Cuidados. Hay indicadores que hablan de una caída en las ventas de los súper e hipermercados. Pero debemos tener en cuenta que venimos de los meses de vacaciones, donde estos índices decrecientes son normales. En líneas generales, no aparenta haber una baja extraordinaria en los niveles de consumo, más allá de la elevación de las tasas de interés, que a mediano plazo debería atraer una desaceleración de la actividad económica (la palabra preferida de la ortodoxia economicista es “enfriamiento”).
El peligro latente, ante esta situación, está en la tasa de desempleo. La presidenta de la Nación se apuró a dar números alentadores: poco más de 6% de desocupación en el último trimestre, una cifra utópica hace 10 años nada más. Eso sí, con trabajo precario todavía muy elevado (30% del parque obrero general). En tiempos del Rodrigazo, la desocupación apenas sobrepasaba el 2 %. Pero 5 años después, en 1980, subió al 6 %: se triplicó. Fue el precio de la desindustrialización, la apertura económica indiscriminada, el endeudamiento desaforado y la desarticulación del Estado que culminó en el banquete neoliberal del menemato-delaruato.
Maquillaje o no, la devaluación de enero de 2014 fue acompañada de anuncios anti-ajuste como el plan Progresar y aumentos en jubilaciones y asignaciones sociales. El gobierno nacional parece aventar la posibilidad de achicar el Gasto Público y suavizar la emisión monetaria. El diagnóstico en el Palacio de Hacienda, al menos de la boca para afuera, es que la inflación es obra y gracia de los formadores de precios. Hoy, los grandes supermercados y los fantasmagóricos intermediarios de la cadena productiva, acompañados por los medios dominantes, son claramente los enemigos políticos coyunturales.
En fin, el “Axelazo” no parece tener mucho de Rodrigazo. ¿Por qué entonces se relacionan ambos momentos? Por política. El Rodrigazo fue la antesala del fin del gobierno de Isabel; el último manotazo de ahogado de un gobierno que ya no tenía anclaje en el mundo de los popes de la industria; ni en las mesas de los especuladores financieros; ni en los campos de los exportadores estancieros; ni en las cajas fuertes de los banqueros; ni en los bolsillos de una clase media desorientada. Sólo encontraba sustento en la tozuda trinchera de las 62 organizaciones de Lorenzo Miguel. Demasiado poco. A la vuelta de la esquina, ya había rostros, uniformes y botas esperando hacerse cargo de lo que tenían que hacer.
Hoy, otra mujer peronista, esposa y heredera política de un líder que ya no está, conduce al país. En enero, popes industriales, especuladores financieros, exportadores-estancieros y banqueros volvieron a mostrar las uñas. Hoy no hay botas ni uniformes esperando. Pero sí hay rostros que aceptarían gustosos la misión de hacerse cargo de lo que tienen que hacer. Y hay también una clase media desorientada y llena de incertidumbre, suculento caldo de cultivo para imponer el miedo a través de espantosas reminiscencias de un pasado que no parece tan pisado. El Rodrigazo es sinónimo de desastre histórico. Después de un Rodrigazo, todo vale: los ajustadores crónicos afilan los cuchillos.
Para mitigar ese miedo y para frenar la incertidumbre, lo mejor es saber, recordar y comparar. Convetir el “Axelazo” en “Rodrigazo” es una excelente parábola de aquellos que fogonearon “cacerolazos” y que quieren volver a meter sus “golazos”. Aquellos no son ningunos “gomazos”.

Gabriel Prósperi. Periodista.
27 de febrero de 2014.

* Fuente: CEPA, Centro de Economía Política Argentina.
** José Ber Gelbard, ministro de economía durante el tercer gobierno de Perón, entre 1973 y 1975.

martes, 10 de diciembre de 2013

"POLI-CRACIA": 30 AÑOS Y MUCHOS MÁS

     
Democracia y policías, y vienen nombres: Miguel Bru, Elías Gorosito, Osvaldo Raúl Saliwonczyk, Jorge Julio López, Luciano Arruga. Y también vienen Walter Bulacio, José Luis Cabezas, Sebastián Bordón, Maximiliano Kosteki, Darío Santillán, Carlos Fuentealba, Candela Rodríguez. Desaparecidos y asesinados. Y en el medio, el inconfundible estilo de la policía. La policía que hoy democráticamente pide elevar sus democráticos salarios y democráticamente se rebela con la intención democrática de sindicalizarse pero permitiendo a su vez democráticos saqueos. Autoacuartelamiento, le llamaron. En Córdoba y en otras provincias, salieron airosos. Esperanzados estamos, ahora, TODOS en que los democráticos negocios prostibularios, los democráticos kioscos timberos, las democráticas prácticas extorsivas y las democráticas costumbres antidemocráticas culminen al fin...
En Grecia, la policía está sindicalizada. En octubre de 2012, cuando la crisis europea se expresaba con mayor crudeza en ese país, la Federación de Sindicatos de Policías amenazó al gobierno con negarse a reprimir las frecuentes protestas de trabajadores si no se le garantizaban mejoras en su remuneración. Sin mayor discusión, el gobierno griego cedió a la presión. Al mismo tiempo, recortaba salarios a trabajadores y jubilados. Los ajustes iban a traer alto bardo en las calles. El euro-poder crujía por todos lados. Se necesitaba una policía contenta y bien alimentada para reprimir lo que se venía. Aguantar las toscas, en buen griego bonaerense.*
En España, la policía también está agremiada. Se aúna en el Sindicato Unificado de la Policía (SUP). En septiembre del año pasado el SUP justificó la represión al movimiento de los indignados, la infiltración y el uso de policías encapuchados. En años anteriores, el SUP defendió públicamente el tratamiento brutal a los independentistas vascos, y exigió al gobierno español que profundizara la represión contra ETA, desconociendo los términos del acuerdo de alto el fuego. Allí los policías cobraban bastante bien, pero querían tener todo fríamente calculado... Y controlado. **
Aquí y allá, la policía nos cuida, pero también los cuida.
Más de 12 mil pesos de bolsillo para un policía que recién entra; ese era el reclamo de los policías bonaerenses. 12 mil pesos de bolsillo: ¿cuántos trabajadores cobrarán eso en el país? Un Estado democrático occidental capitalista debe cuidar los intereses del sistema. Para eso, debe alentar y fomentar que los individuos que conforman determinado conjunto social se inserten en el sistema económico como agentes productivos, es decir, obreros, empleados, profesionales, burócratas, ejecutivos, intelectuales, etc. De esa manera se sostiene y se alimenta la matriz del sistema, la santa tríada inversión-producción-consumo (No confundir con Dios, Patria y Familia, esa es otra tríada). Las fuerzas represivas están para custodiar aquella santa tríada y para repeler los intentos anti-sistema de los maxistas-leninistas-troskistas-montoperonistas y todos los "istas" que aparezcan. Si el salario de un policía es tan jugoso como para que una gran porción de la población se sienta tentada en ingresar a la fuerza, estaríamos hablando de un Estado, digamos, anti-capitalista... Casi espartano. Un Estado que acceda siempre a reclamos policiales como este, mediante democráticos autoacuartelamientos, estaría atentando contra su propia esencia. Ser policía puede ser una opción y hasta una vocación; nunca una tentación de bolsillo.
En Argentina, como en Grecia y en España, los policías mostraron y muestran que son PODER REAL. Sólo en Provincia de Buenos Aires son más de 50 mil hombres armados. Aunque lo reclamen a viva voz, aquí, no necesitan estar sindicalizados. En estos días, quedó más que claro. El PODER POLITICO, cedió; o al menos, negoció. La policía impuso condiciones y generó caos. Mostró los dientes y ratificó que cuando quiere, muerde. Repito: cuando quiere. Hasta cuándo seguirá mordiendo es uno de los grandes desafíos pendientes de nuestra democracia. En 30 años, la prueba sigue sin superarse. Allí están para recordárnoslo Bru, Gorosito, Saliwonczyk, Julio López, Arruga, Bulacio, Cabezas, Bordón, Kosteki, Santillán, Fuentealba, Candela y tantos otros. Hoy, la "POLI-CRACIA", también puede celebrar.

               Gabriel Prósperi. Periodista.
               10 de diciembre de 2013.

* (Boletín Informativo de CORREPI nº 674).
** (Europapress, 26/09/2012)  (Europapress 06/09/2010; 21/12/2011).

jueves, 31 de octubre de 2013

LA RABIA


“Ni vencedores ni vencidos”, dijo como pudo el golpista Eduardo Lonardi ante una asombrada multitud en Plaza de Mayo. A su lado, los otros generales y almirantes golpistas lo miraron de reojo y se miraron entre sí. Lonardi duró dos meses como presidente. Un contragolpe palaciego le dejó en claro para qué habían llegado a sangre y fuego al poder.
            Lonardi soñaba y hablaba de un neoperonismo sin Perón. “Recuperar lo bueno que se hizo y corregir lo malo”, decía y se decía. Pero él no había llegado allí, a la Casa Rosada, solo. Él y sus compañeros de armas tenían una misión: matar al perro y acabar con la rabia. Es decir, volver a la “normalidad”. Se debía hacer lo que se tenía que hacer: lo que el poder rural, financiero, transnacional, decía que había que hacer. Estado benefactor, no. Estado gerenciador, sí.
            Congelamientos salariales; sueldos por productividad; intervención sindical; persecución ideológica; desapariciones; fusilamientos. Las herramientas civilizadoras del postperonismo fueron variadas. El adoctrinamiento les llevó 28 años, cuatro dictaduras y cuatro gobiernos civiles. Y aún después del ‘83, volvieron con más. Alguien no los iba a defraudar...
            Hoy, regresa el concepto de “normalidad”. Varios dirigentes con proyección nacional pregonan el retorno a un “país normal”. Para esos dirigentes el país que hoy tenemos es anormal, aunque resbalan recurrentemente al intentar explicar en qué consiste esa anormalidad. Sea como sea, el regreso a un status quo perdido viene a copar la parada del paradigma discursivo de estos tiempos con olor a fin de ciclo. ¿A quién interpelan cuando hablan de regreso a la normalidad? ¿Quién es el destinatario del discurso cuando se habla de “rescatar lo bueno y corregir lo malo”? ¿Le hablan al pueblo o a aquellos que deben dar algún visto bueno? ¿Representantes del pueblo o representantes de empresas?
            La era K fue (y aun es) una etapa de definiciones. En estos 10 años, el Estado, como agente político, social y económico, fue el actor central del devenir de la Nación. La iniciativa siempre estuvo en el gobierno. Expropiarles YPF a los españoles para luego pactar atosigadamente con los norteamericanos conforma sin dudas un paso contradictorio y antipático, tal vez erróneo. Pero es un paso dado por el Estado, sin condicionamientos externos o internos, en función de intereses públicos. Lo mismo atañe para otras áreas, como el mercado del dólar, la política arancelaria, la de seguridad, etc. Cuesta hallar en la historia argentina esta correlación de fuerzas entre poder político público e intereses corporativos o sectoriales privados.
            La apelación al “país normal” suena a Estado gerente, no a Estado jefe. A Estado que acata, no a Estado que ordena. Por ahora, el candidato que más votos sacó en el país habla de “recuperar lo bueno y corregir lo malo”. Todavía no ganó más que el derecho a marcar un nuevo camino. Si más adelante, a través de las urnas, derrota definitivamente al perro, quedará en él correr el riesgo de reconocer a los vencidos o aceptar tranquilamente lo que ya varios piden, ansiosos: terminar con la rabia.

sábado, 31 de agosto de 2013

"ALLAHU AKBAR"

En este sitio http://www.youtube.com/watch?v=RYQe72F0Mc4 encontrarán una de las escenas más dramáticas de los últimos tiempos: un padre se reencuentra con su hijito, de apenas 3 años, a quien creía haber perdido en un ataque con armas químicas propinado por el gobierno sirio. Cuando el video se hizo popular en las redes, se decidió publicarlo en el noticiero en el que trabajo. La tarea de convertirlo en un informe periodístico recayó en mí. El producto terminado versaba sobre el “milagro” producido en medio del horror. Impacto, que le dicen.
Ese video no conllevaba más información que aquellas coordenadas: padre conmocionado, hijo encontrado y (creo) la ciudad siria en la que ocurrió. Nada más. No hacía falta más data que la que se veía. Porque lo único importante que debía comunicarse era ese abrazo, ese reencuentro, ese vestigio de humanidad. En efecto, los inhumanos son los que usan armas químicas contra ¡chicos! ¿Quién usa armas químicas? Estados Unidos dice: “el gobierno sirio”. Entonces, Estados Unidos agrega: “¿vamos a esperar “milagros” como este del video o actuamos para terminar con los inhumanos?”.
Barack Obama, el premio nobel de la paz 2009, acaba de anunciar que decidió atacar Siria. Tal decisión esperará aprobación del Congreso norteamericano. Necesita el aval de los representantes del pueblo para desatar lo que, seguramente, será una nueva carnicería escarmentadora. El propio secretario de estado, John Kerry, admitió que “el pueblo estadounidense está cansado de guerra”; por eso, se necesitan videos como el del papá y su hijito para convencer al soberano.
En 1898 Cuba era la única colonia española en América. Los rebeldes independentistas, con José Martí entre sus líderes, le habían declarado la guerra a lo que quedaba del imperio español. El gobierno de Estados Unidos quería entrar en acción a favor de los rebeldes. Se le hacía agua la boca por la isla y el mar caribe. Pero la opinión pública era arisca a tal ataque. Allí apareció la prensa para dar una manito. William Randolph Hearst era el amo y señor de los medios gráficos. El padre de la prensa amarilla. Orson Wells le dedicó la mejor película de todos los tiempos. El 15 de febrero de 1898 explotó en el puerto de La Habana el acorazado yanki “Maine”. Su hundimiento dejó 270 muertos. Las causas de la explosión no se supieron nunca. Pero al día siguiente, el 26 de febrero de 1898, Hearst publicó en la tapa de todos sus diarios que había sido un atentado perpetrado por militares españoles. Estados Unidos tardó apenas unas horas en entrar en guerra. España fue derrotada antes de luchar y Cuba se convirtió en protectorado del naciente imperio.
Del “Maine” al video del papá sirio con su hijito pasaron 115 años. El viejo Tío Sam nos demuestra una vez más que es un maestro en esto de la propaganda bélica. Hablando del video, los que lo vieron habrán notado que detrás del papá aparece un señor que todo el tiempo grita la misma frase. Dice “Allahu akbar” (Dios es grande). Estados Unidos está listo para hacer lo suyo. Siria es el blanco. “Allah baikoum” (Dios esté contigo).

                                               Gabriel Prósperi. Periodista.

                                               31 de agosto de 2013